martes, 20 de marzo de 2018

El domingo de Charly



Charly está muerto. Debió de haber sido en la noche, cuando dormíamos. Mama Juana ya sabía desde antes: La semana pasada, mientras se alistaba para ir a su trabajo, después del desayuno, se paró frente a él y dijo:

¡Ideay, ahora sos vos el que no quiere comer! Este animal se va a morir, le hace falta compañía.

Yo no le creí, porque cuando Lola estaba viva tenía a Charly, no estaba sola, y aun así se murió. Por eso pensé que morirse es solo una costumbre que en ocasiones tienen las tortugas, y que no les importa si lo hacen solas o no. Y a Charly no lo miraba que se fuera a morir. Nadie, además de Mama Juana, lo hubiera dicho. Cada vez más grande y siempre comiendo lo que le dábamos. Para mí que se aburrió y entonces decidió morirse; porque, después de todo, talvez sea cierto que no tener con quién platicar ni jugar es fatal, como cuando te enfermás y tenés que pasar todo el día en la cama y no hay amiguitos ni se puede relinchar como siempre por la casa y te llevan al doctor y te inyectan y duele y después solo querés dormir porque da un sueño loco.

Cuando la Karla se levanta y se da cuenta, pone una cara de monito enjaulado, como el que vimos el otro día en el zoológico. Primero no dice nada, abre los ojos bien grandes y la piel se le destiñe, pálida-pálida; se agarra el pelo con las dos manos y después se restriega duro la cara (seguramente cree estar soñando). No sé lo que dice. Pega gritos y nada se le entiende. Yo no sé por qué llora tanto.

A mí no me dan ganas de llorar. Por dicha hoy es domingo y me quedo en la casa. Así acompaño a la Karla.

Quién sabe si las tortugas también se van al cielo. Según la profesora, todos fuimos creados por Dios, o inventados. Yo sé bien cómo es eso, también a mí me da por inventar. Como cuando hago muñecos de plastilina y les pongo nombres y los hago hablar. Después juego con ellos y los dejo que hagan lo que quieran, hasta que me aburro. Así me di cuenta de que todas las personas son un poquito Dios cuando juegan.

Talvez Charly ahora se va a convertir en una hormiga o un caracol. Digo esto porque generalmente yo, cuando deshago uno de mis muñecos, uso la plastilina en otro diferente.

Como caracolito a Charly le iría bien. Es divertido. A veces soy caracolito y veo cómo la gente va en carrera a ninguna parte, mientras yo camino súper lento y muevo mis ojos caracolescos que son muy graciosos. Y lo mejor es entrar a mi concha y convertirme en cualquier cosa, como un globo que va a la Luna y se pierde en la galaxia y entonces descubre que en realidad es una hoja llevada por el viento sobre el mar hacia la playa. Cuando aterrizo vuelvo a mi paso de caracol y digo casa y regreso a la sala de mi casa.

Igual que cuando pasó lo de Lola, hoy saldré con la Karla a pasear. Esa vez fuimos al circo y me subí a una elefanta. Yo quería hacer piruetas como los acróbatas, pero la Karla no me dejó. Es que yo me sé una forma de volar que nadie sabe, pero ella dice que solo locuritas soy. Yo no digo nada. Hoy iremos al cine.

Me gusta cuando vamos a ver películas porque la pantalla es enorme y apagan la luz y hace frío. Comemos palomitas de maíz y yo le pregunto a la señora que las vende que de dónde sacan esas aves, porque yo no las he visto nunca volando en ninguna parte, y yo me fijo siempre bien en todo. La mujer solo sonríe y a veces me regala una paleta, y no dice nada.

También me gusta que si me aburro y me duermo antes de que acabe la película la Karla me lleva chineada de vuelta hasta la casa. Yo muchas veces me hago la dormida.

Mientras mi Mama Juana me está peinando veo mi cuarto por el espejo de la sala. La Karla se está poniendo polvo de maquillaje en la cara. Parece que un poquito se le metió en los ojos, porque se los restriega de vez en cuando. Yo le digo: ¡Mama, apurate, ya vámonos!, ¿qué tanto te arreglás?, ¡si vas al cine conmigo, no con un novio!

¡Solo ocurrencias sos, Alejandra! Yo no sé de dónde saca tantos inventos una niña de prescolar, dice la Karla sonriendo. Mama Juana también sonríe, y yo veo mis dos colitas en el espejo.

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Publicado por la revista Karebarro, Año 6, Número 8. Managua, 2017.

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