martes, 22 de septiembre de 2015

Centroamérica según Mackenbach


En mayo de 2014 Werner Mackenbach, uno de los mayores estudiosos de la(s) literatura(s) centroamericana(s), fue invitado al segundo encuentro de narradores Centroamérica Cuenta, que hasta el momento convoca año con año a escritores, editores y académicos en algunas ciudades de Nicaragua. Esta entrevista se la hice durante esos días y una versión breve fue publicada el 12 de ese mes en El Nuevo Diario. He aquí la versión completa.


La literatura centroamericana leída por Mackenbach
«Una literatura de muy, muy alta calidad»




Por Carlos M-Castro

En el patio de un hotel de Managua, acompañados de café y rodeados por cantos de pájaros y voces de huéspedes inoportunos, platicamos esta mañana de mayo de 2014 con Werner Mackenbach. Él, Dr. habil. por la Universidad de Postdam, Alemania, coordina desde la Universidad de Costa Rica (UCR) una investigación que ya lleva varios años y seguramente llevará todavía muchos más: «Hacia una historia de las literaturas centroamericanas». Empezamos.


¿En qué estado se encuentra su investigación en estos momentos?

Siempre estamos comprometidos con el gran proyecto que comenzamos ya hace más de diez años, de una historia de las literaturas centroamericanas. Este proyecto se llama «Hacia una historia de las literaturas centroamericanas». Hemos publicado ya tres tomos de este proyecto, en total van a ser seis, y en este momento estamos en proceso de edición de los tres que faltan. 

Esto es un proyecto de largo aliento, para decirlo de alguna manera, porque el problema es que no hay muchas bases sólidas para la investigación; tenemos que construirnos nuestra propia bibliografía y los corpus de los estudios, y están colaborando más de cincuenta personas en este proyecto, entonces también es un esfuerzo para coordinar, unificar criterios, editar textos muy diferentes y ponerlos en una forma más o menos coherente y también al mismo tiempo legible. 

Entonces en eso estamos, pero es un proceso muy, muy interesante. Hemos aprendido muchísimo, yo creo que también hemos logrado, por lo menos con los primeros tres tomos, sentar unas bases para futuras investigaciones más puntuales, más detalladas. 

Es un gran esfuerzo de estudios regionales comparados, y no solamente desde una perspectiva nacional. Esto también es un gran reto, porque, como sabemos, todavía las fronteras en esta pequeña región impiden muchas veces la circulación de ideas y mucho más de libros, incluso de personas; entonces, esto ha sido también un problema. Pero están participando investigadores de muchas partes del mundo, hasta Australia.


Y de distintas disciplinas, ¿no?

Sí, de diferentes disciplinas; especialmente es un gran intercambio entre estudiosos de la literatura y de la cultura e historiadores, son los principales participantes, pero también hay sociólogos, filósofos, etcétera.


Usted ha hablado de una especie de campo de estudio al que ha llamado «centroamericanismo». ¿Esto, a nivel de la academia, existe?

No, no ha existido tradicionalmente. 

Para hablar un poquito de la academia europea, especialmente la alemana, dentro de los estudios de literatura en idioma español lo más dominante ha sido durante mucho tiempo, y en cierta manera sigue siendo, la literatura española, lo que llamamos romanística en Alemania o Estudios de Lenguas y Literaturas Romances; dominó por largos períodos, hasta muy reciente, un enfoque de la literatura de la Península, España y en mucho menor [medida] Portugal.

Esto ha cambiado lentamente, y está cambiando todavía, y hay más interés ahora, hay más programas de estudios, profesores especializados en literaturas latinoamericanas, especialmente los grandes países, como México, Argentina y Brasil, algo de Chile, y mucho menos el gran espacio centroamericano y caribeño, porque veo también el Caribe, o los Caribes, porque existe la diversidad como perteneciente a este gran espacio. 

Sin embargo, no podíamos hablar de Estudios Americanos, Centroamericanos o Centroamericanistas, y todavía no podemos, porque no es realmente una disciplina o subdisciplina reconocida por los aparatos académicos, las universidades. 

Pero está cambiando.


Por ejemplo, hay programas; especialmente en Estados Unidos hay un programa dedicado completamente a Estudios Centroamericanos, en la Universidad Estatal de Northridge, en Los Ángeles, en California; que tiene que ver también con la migración de académicos centroamericanos, que se formaron principalmente en Estados Unidos y crearon allá espacios para el estudio de las literaturas, culturas e historias centroamericanas. Y también en Europa ya hay más atención para con las literaturas centroamericanas, pero hay que correr todavía un camino muy largo para establecer este subcampo de investigación dentro de la academia.

Durante mucho tiempo estuvo completamente contraproducente para un estudioso de literaturas en lengua española dedicarse a Centroamérica, por eso se autoexcluyó de las carreras académicas… Esto tenía que ver con un gran desconocimiento, con un prejuicio que redujo esta región circuncaribeña a los ‘banana republics’.


¿Se puede hablar de una «narrativa centroamericana»?

Siempre digo, cuando me preguntan esto: ustedes tienen que decidir esto; eso depende de los centroamericanos mismos. Nosotros estudiamos lo que está pasando.


A mí me llama la atención que en este Centroamérica Cuenta hay una mesa en donde plantean si se conocen entre sí los escritores de Centroamérica, y esto me da a pensar que la sola pregunta revela un problema.

Bueno, hay diferentes niveles de esta problemática. Una problemática es preguntarnos, por ejemplo, si los autores se pueden ver solamente desde una perspectiva nacional. Tomemos el ejemplo de Rubén Darío. ¿Es un autor nicaragüense? Sí, es un autor nicaragüense. Pero es muchísimo más. Es un autor centroamericano, hispanoamericano, un autor mundial. Entonces sí, hay vasos comunicantes, ha habido vasos comunicantes en la historia y hay vasos comunicantes ahora. Entonces Rubén Darío vivía también en varias partes, escribía, produjo en varias partes de Centroamérica.

¿Podemos entender el texto de Rigoberta Menchú en tanto testimonio solamente como un texto guatemalteco?, además en términos de Estado nación, yo creo que estaríamos completamente equivocados. Entonces sí hay vasos comunicantes a nivel de la producción creativa de literatura. 

Ya es otro problema preguntarnos si se conocen mutuamente los autores. Esto es aún otro nivel de los aparatos literarios, del mercado, de las instituciones, de las editoriales; si hay la posibilidad de circular libremente, o más o menos libremente, libros.


¿Los tomos publicados de «Hacia las literaturas centroamericanas» han estado circulando por Centroamérica, se localizan?

Nos enfrentamos con el mismo problema. El proyecto de investigación, el programa de investigación está coordinado desde la Universidad de Costa Rica. La publicación, la edición de los tomos se está realizando en la editorial F&G, de Guatemala. Entonces, hay cierta circulación por lo menos entre estos dos países; pero nos enfrentamos con el mismo problema de cualquier editorial, cualquier autor: no existen canales estables de circulación de libro, no hay un mercado regional del libro.




¿En la revista Istmo, que es enteramente digital, se halla algo de esta investigación?

Tenemos una sección permanente en la revista Istmo dedicada a este programa de investigación, «Hacia una historia de las literaturas centroamericanas»; publicamos avances de investigación, etcétera. 

Y la idea es, cuando ya estén publicados los seis tomos, pensar en una edición digital, que sea accesible; pero, claro, esto tiene que ver también con el problema de derechos de autor, también de intereses de las editoriales, que hacen un trabajo, en este caso de F&G, un trabajo inmenso, y necesita vender los libros impresos, por supuesto; no podemos abrir completamente porque así perdería la posibilidad de vender los libros y de esto dependemos también, porque, aunque sea un proyecto cofinanciado por ciertas instituciones, no es un proyecto que se autosostiene.


Tal vez es muy interesante decirle esto: la revista Istmo nació aquí en Managua, en el 2000, publicamos el primer número en el 2001, por iniciativa de un escritor muy querido, con el que colaboramos, Franz Galich, y otros compañeros de un grupo de estudios de literatura centroamericana que se formó en la UCA [Universidad Centroamericana, Managua] en ese tiempo. Y con ayuda de una profesora de Estados Unidos y estudiantes armamos el primer ciclo. 

Antes teníamos la revista El Ángel Pobre, solamente publicada en forma impresa, y no podíamos circularla. Sacrificamos mucho tiempo para producir la revista y después se murió en la bodega, porque no había canales para circularla. En este momento surgió, desde ya muy temprano, porque creo que era la primera revista a nivel regional dedicada a esto; Carátula surgió unos años más tarde, y otras iniciativas como el magacín literario de autores de El Salvador [ahora de Centroamérica], de Miguel Huezo Mixco, salió más tarde. Entonces, sentimos la necesidad de cruzar las fronteras, y no era posible cruzar las fronteras en forma física, impresa, y las nuevas tecnologías nos ofrecieron esta posibilidad.


En su experiencia como lector a distintos niveles, ¿encuentra que existen fronteras en las narrativas de Centroamérica?

Sí y no. Claro que existen particularidades nacionales, subregionales también, no solamente nacionales. Por ejemplo, en Nicaragua se sabe muy bien que la costa de La Mosquitia produce otro tipo de textos que no entran fácilmente en el circuito de la ciudad letrada de la región del Pacífico, Managua, León y Granada, principalmente, y desde hace un poquito, Masaya. Entonces, hay, por supuesto, particularidades. Pero también hay muchas tendencias compartidas. 

En la historia, el Modernismo fue una tendencia compartida entre diferentes autores centroamericanos: tertulias, grupos de literatos, revistas culturales literarias y otros. El testimonio fue un fenómeno no solamente centroamericano, sino latinoamericano, pero especialmente centroamericano, no solamente nacional. Y en la actualidad hay varias tendencias que también se presentan en los diferentes países, tal vez de una manera diferente, pero no muy diferente en términos nacionales o nacionalistas; por ejemplo, la novela que escenifica a la ciudad, la novela urbana, a los submundos de la ciudad, al lado oscuro, al lado nocturno de la ciudad, está presente en toda Centroamérica.

Y, por ejemplo, también en Costa Rica, donde pensamos siempre es un poquito aparte, hay esas tendencias también. Y otras serían todo lo que tiene que ver con la violencia, también el narco. Son tendencias sumamente presentes en todas las literaturas.


Mencionaba por los inicios de los noventa Lizandro Chávez Alfaro en una entrevista que para que se desarrollara una literatura se requería, aparte de la producción —y los lectores, obviamente—, también un aparataje crítico, de investigación. ¿Como está la región en términos de alternativas de formación en este campo?

Tal vez hay que hacer primero una distinción que no existe en idioma español —por lo menos no utilizamos esta distinción— entre un crítico literario y un estudioso de la literatura. En alemán tenemos una diferencia entre ‘Literaturkritik’, que es Crítica Literaria, y ‘Literaturwissenschaft’, que es Ciencia de la Literatura. En español no se habla de Ciencia de la Literatura, pero son dos campos diferentes que también se entrelazan y muchas veces una persona ejerce la crítica y también la investigación; pero son dos funciones diferentes. 

La Crítica es algo público, que también tiene que emitir un juicio de valor, muy didáctico, tiene que ver con la canonización, con un interés, y hay muy poco de esto en Centroamérica, no hay una crítica así muy profesionalizada. Lo que vemos muchas veces son o elogios de los libros que salen, en las presentaciones, o silencio.


Que equivale a lo contrario...

Sí. Para no hablar o no hablar sobre eso quiere decir, es un juicio negativo; pero no hay esta confrontación crítica, puede ser negativa, pero una crítica siempre es positiva, obviamente. Falta mucho de esto.

Sí hay, en el caso de las investigaciones académicas —lo que llamamos Ciencia de la Literatura en Alemania—, sí hay varias universidades donde se puede estudiar y formarse. Por ejemplo, en la Universidad de Costa Rica, donde trabajo yo, hay un gran programa de posgrado en estudios literarios, hay un doctorado en estudios de la sociedad y la cultura con también un fuerte componente literario. 

En la Universidad Nacional, en Costa Rica, en Heredia, hay un doctorado interdisciplinario en letras y artes de América Central, dedicado principalmente a América Central. 

En la Universidad Nacional Autónoma, en Honduras, hay un programa de maestría de literatura centroamericana. 

Hace algunos años creamos un programa de maestría de literatura centroamericana en la UCA, en Managua. Desgraciadamente terminó después de dos promociones, porque, como sabemos, las letras no son muy rentables y las universidades tienen grandes problemas de financiamiento, por supuesto. 

Entonces sí. Pero se mantienen programas, o hay programas también dentro de un ámbito más amplio, en comunicación o estudios culturales, más general, en diferentes universidades, en el que se puede formar. 

El problema muchas veces es, otra vez, la posibilidad de poder movilizarse; eso depende de recursos, e ir con los costes cuatro años a otro país para realizar sus estudios, si no existen en el mismo país. 

En la UNAN, aquí en Managua, actualmente mantienen su programa de literatura, incluso están pensando en abrir un doctorado en literatura.


Pero sí es un esfuerzo terco, ¿no? Aquí la literatura sí tiene mucho peso a nivel cultural: los grandes caciques de la literatura resultan siendo también actores políticos muy importantes. Entonces es medio contradictorio que no existan [tantos] programas especializados...

Tal vez es exactamente por este fenómeno, porque todavía el campo literario, para hablar en términos del teórico francés Pierre Bordieu, depende mucho, está muy vinculado, con el campo político, con el campo de poder, tradicionalmente en Centroamérica. Estamos apenas en el proceso de diversificación de esto. Como usted dijo, tradicionalmente los escritores, muchos escritores consagrados, al mismo tiempo fueron o siguen siendo políticos, personas políticamente comprometidas en funciones e instituciones políticas. Entonces, la independización del campo literario de este campo de poder y sus influencias, sus intereses, todavía está en marcha. Una figura emblemática es el mismo Sergio Ramírez, el iniciador y presidente de este encuentro, que ya se separó de este campo político; pero es tal vez, yo diría, uno de los últimos grandes intelectuales en América Latina que ha combinado el ejercicio de altas funciones políticas y una literatura de muy alta calidad, de primerísima calidad. Pero ya se ve que, por las circunstancias políticas, y yo creo, por todos los cambios que estamos confrontando en el mundo, esta figura va a desaparecer de esta manera; un proceso que ya se ha dado en Europa hace mucho: los intelectuales, los escritores, por regla general, siempre hay excepciones, no son grandes figuras en instituciones políticas, como institución moral sí tienen influencia…


A nivel de calidad, ¿cómo encuentra la salud de la narrativa en Centroamérica?

Está de excelente salud, como en todas las partes, la literatura está de excelente salud, y Centroamérica no es una excepción; más bien, en un espacio relativamente pequeño, que es Centroamérica, se condensan, se concentran muchos autores de primera calidad. 

Por supuesto, como en todas las partes, hay mucha literatura que nos aburre, esto es así en Alemania, en Francia, en Italia, en Argentina. Pero la literatura, las literaturas centroamericanas están de muy, muy buena salud y de muy, muy buena calidad. Poco a poco se reconoce también a nivel mundial, por lo menos a nivel occidental-europeo-norteamericano, esto; ya hay autores que circulan en los circuitos europeos-norteamericanos. 

Pero, claro, hay que seguir insistiendo en esto, y establecer puentes entre las culturas y literaturas de ambos lados del Atlántico. Pero yo estoy muy, muy optimista, porque es una literatura de muy, muy alta calidad. No hay ninguna diferencia con otras literaturas. 

Más bien esto fue una, como dije antes, una visión muy, muy política, en mal sentido, política y de intereses comerciales, que redujeron esta región a las ‘banana republics’, pero esto es una invención de los países del Norte, especialmente de las grandes empresas y la política estadounidense de finales del siglo XIX. Antes, no. En la colonia esta región era una región como cualquier otra región en América Latina, con mucha importancia, y de hecho tiene una gran importancia geoestratégica. Pero exactamente por los intereses geoestratégicos de los grandes poderes, se redujo a algo que se ha llamado ‘banana republics’ o países-sin-historia, lo que sea, y no hay que aceptar eso. Y esto fue el problema. Pero siempre esta región ha producido escritores y escritoras de primera calidad, no hay ninguna diferencia con otros países u otras regiones.

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