lunes, 2 de septiembre de 2013

Un personaje en busca de película




Este personaje no existe, pero es real. Supongamos que se llama José Laguna y que, por cierto coqueteo impertinente con las letras, sus amigos lo llaman Chepe Pantano. Él, por supuesto, está rodeado de idiotas cultos: escritores, poetas, fotógrafos, pintores y uno que otro músico; esta banda de amigos se desplaza con desidia por una Managua que no los merece, que no estimula sus inenarrables energías creativas. Conversan; se divierten; mueren de aburrimiento: maldicen cada uno de los doscientos ochenta y pico kilómetros cuadrados que mentalmente los encierran; la superficie de esa capital inaudita, atemporal, alucinante, única.

Sin duda este último adjetivo lo ha proferido Pantano muchas veces a una amiga, para tratar de impresionarla con su seudoantropología malaprendida, mientras caminan sobre la Carretera a Masaya a las cinco y cincuenta de la tarde, disfrutando los únicos minutos de cortesía solar —luz bella del cielo, clima llevadero, nubes altas— y los pocos metros peatonables de Managua.

—¿Qué hacemos, José? Estoy aburridísima —la muchacha (19 años, estudiante de diseño, cuarenta córdobas en la bolsa) lo interpela. Se habían encontrado por casualidad (estas cosas pasan solo en Managua) mientras bajaba de un microbús.

Chepe Pantano sabe que necesita sacar un buen naipe de su manga; los veinte córdobas que le quedan para acabar la semana (hoy es jueves) no ayudarán en la conquista de su amiga. Piensa rápidamente; maquina; coquea. Recuerda que anoche hubo una exhibición de cine en el Teatro Justo Rufino Garay, tiene un bróder que podía haberle conseguido entrar sin pagar los cincuenta córdobas por persona que cuesta la entrada a las películas que cada miércoles ofrecen ahí. Cine no comercial, piensa; cine de autor; cine independiente. Con esto seguro la deslumbro.

Pero hoy es jueves, Pantano, y no regresa la noria. Es jueves. Los cines estrenan. Pero Guerra Mundial Z habla mal de sí misma. ¿Brad Pitt? ¿En serio? Lo único que conozco del director es Finding Neverland, que Depp hizo soportable. Además, con carné de estudiante se pagan casi cien córdobas. Ni hablar.

[En todo esto piensa nuestro amigo. Su cabeza bombea y bombea. Van sobre la acera. Frente está Friday’s; ven acercarse el casino Pharaoh’s].

¡Eureka! Chepe recuerda que a inicios de mes fue con su amigo el pintor a la Alianza Francesa, que está muy cerca, a ver una exposición de portadas de discos de rock latinoamericano. Esto le dará tiempo de pensar en otra cosa y retener a Lorena.

Llegan a los semáforos del casino, giran a la derecha, pasan frente a la Embajada de México. Son las 6.20 de la tarde. 

—¡Ideay, si aquí viene el gran Chepe Pantano! —La banda rabiosa de literatos anuncia la llegada inesperada de su amigo. Este pregunta la razón de que estén ahí.

—¡No jodás, Rulfito! —lo ataja David, quien así lo llama, entre sarcasmo y envidia—. Siempre andás en la luna; en la mera Comala. Hoy inauguran el ciclo de cine mexicano y de seguro hay vinito al final.

—¡A huevo! —interviene Benito—; la vez de lo de Fuentes salimos sesereques derechito al Panal a rematar.

—¿Qué película van a pasar? —interrumpe Lorena, dejando un poco abierta su boca al final y viendo fijamente a Eric, el tercero y último de los amigos de Chepe ahí presentes y quien no había dicho nada hasta ahora.

El Estudiante —responde Eric, empujando sus anteojos con el índice izquierdo—. Es del 2009 y fue bien recibida en México; obtuvo un par de premios importantes allá —Wikipedia en vivo y a todo color—: además de Mejor Película y Mejor Director, premiaron uno de los temas del sound track —estas últimas palabras pésimamente pronunciadas—, el de Sofía Maqueo, que le hace huevo... y de hecho se parece a vos, guapa, así con esos ojos...

Chepe Pantano se sabe en problemas. Sus otros amigos cruzan miradas. Eric tiró la red, la atarraya.

—¿Entonces vamos a la Alianza, Lorena? —patea como ahogado Chepe.

—¡Ah!, ¿van a ver la peli francesa? —pregunta con malicia Benito.

—¿Cuál? —Lorena de nuevo, sus ojos bien abiertos.

Un coeur en hiver —pronuncia también torpemente David, y de inmediato traduce sin que se lo pidan, como para que no haya duda de que sí sabe francés—: Un corazón en invierno; es más romántica que esta. Buena elección, Rulfito... —Sonrisa socarrona, palmada en el hombro de su amigo.

Momento crucial. Pantano en el pantano toma la cuerda que le arrojó David a como puede. Desliza su brazo por la cintura de Lorena; se despide de Eric y del resto. Casi cruza los dedos. Espera la decisión de su amiga.

—Vamos a la Alianza, mejor —acaba diciendo ella. ¡Victoria!
— ¿Nos acompañan, muchachos? —Mirada fija en Eric. 

¡Mierda!, piensa Chepe.

No sabemos cómo acaba la historia. Se dice que David y Benito deciden quedarse en la Embajada de México, tras la promesa del cavernet sauvignon. Se dice que esa noche Eric y José estrecharon mucho más su amistad. Se dice que todo esto realmente sucedió. En esta ciudad de encuentros inesperados. En esta ciudad que no es ciudad.


Carlos M-Castro

1 comentario:

  1. Buenísima historia, este Chepe si que se las ingenio!

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