lunes, 22 de abril de 2013

«Mi única compañía de convivencia era un enjambre de murciélagos»

Polémico. Sarcástico. Imparcial. Luis Báez es un escritor que de una u otra forma da mucho de qué hablar… Pero ¿quién es en realidad?




Por Maynor Xavier Cruz*


Sos un escritor nacido en los años ochenta. ¿Cómo empezó tu pasión por la literatura?
Precisamente el nacer en los ochenta determinó mucho mi acercamiento a la literatura. Mi padre era hijo de Adolfo Báez Bone, un teniente de la G.N. que en 1947 decidió permanecer fiel a la Constitución y rebelarse contra Somoza; eso lo llevó al exilio y a la lucha política revolucionaria; años después, a su captura, tortura, asesinato y desaparición. Mi padre, que tenía para entonces nueve meses de nacido, sin conocerlo, heredó gran parte de esa conciencia política, pero sobre todo un enorme sentido mítico de admiración por el sacrificio de su padre. Mi papá, durante la primera mitad de los ochenta, acumuló una enorme experiencia en educación popular como coordinador departamental de Managua de la campaña de Alfabetización, y luego en el Vimeda [Viceministerio de Educación de Adultos] de Fernando Cardenal. En el 85, ante la evidente corrupción moral y política en que estaba degenerando la revolución y ante la intolerancia oficial hacia cualquier crítica al sistema, mi padre entregó una carta al Vimeda que en el acto lo convertía en un disidente, lo cual lo dejó en el desempleo durante todo lo que duró la revolución. Un año después nací yo, en 1986. En el 88, gracias a un préstamo hecho por un amigo de la familia, mis padres lograron comprar una pequeña finca en las afueras de Jinotepe. Mi madre conservó su empleo en el D.A.P. [Departamento de Agitación y Propaganda], pero mi padre se quedó en la casa, por eso mi crianza estuvo a su cargo. En esos años, mi padre se dedicó a cultivar hortalizas en la pequeña finca por las mañanas y a venderlas en el mercado en un carretón de caballo por las tardes, también se dedicó a criarme. Era un padre muy amoroso y dedicado, además un gran lector y tenía un espíritu inquieto y rebelde.
 En esa finquita no teníamos luz eléctrica, por lo cual los primeros años de mi infancia estaban repletos de historias y cuentos que el me contaba de forma oral. Yo no lo sabía entonces, pero esos cuentos iban desde pasajes de las Mil y una noches, de los hermanos Grimm, de Dickens, hasta pasajes sangrientos y heroicos de la historia nacional y la historia familiar. Él podía armar una historia a partir de lo que fuera: de las estrellas y constelaciones antojadizas que creábamos en el patio de la casa, de las alas de las mariposas del patio, pintadas por Pérez de la Rocha, de la expresión triste que tenía nuestro caballo algunas noches. Fui creciendo, y con los 90 mi padre se reincorporó a la vida laboral tradicional, fue entonces que se unió a la Fundación Libros para Niños. A partir de entonces, yo, podría decir, vi crecer esa Fundación, a la que mi padre dedicaba alma y vida, como a una pequeña hermanita. Viajaba con mi padre a ver los proyectos, pasaba metido en los rincones de cuento, y a mis manos fue cayendo una buena variedad de libros infantiles. Con la adolescencia, como es común, mis intereses se fueron poblando de nuevos elementos, que más que alejarme de mi niñez, me hicieron describir una amplia parábola.
 Desde pequeño, tuve talento para el dibujo, y pensé que a eso me podría dedicar. Sin embargo, en mi primera adolescencia me metí a tratar de ser músico. Como suele pasar con el deplorable estado de nuestras artes nacionales, acá cualquier mediocre sin talento puede posicionarse y tener algún éxito en la escena que elija, y así logré armar una banda que se pudo presentar durante varios años en los bares de moda de entonces. Sin embargo, pese a mis deseos, admití que mi talento no era para la música. Rato después ingresé en la Escuela de Bellas Artes, donde estudié Artes Plásticas. Sin embargo, pese a sí tener talento para eso, tuve que abandonar esa disciplina. Mi mente, no obstante, se fue moldeando para percibir material a todo momento sobre el cual se pudiera hacer música o imágenes. Si sumás esas dos cosas, tenés básicamente a un escritor. No sé cómo, pero de pronto escribí algo.
 Siempre fui un buen lector, por ende tenía nociones básicas sobre cómo se escribía. Al escribir ese primer poema, en 2007, comprendí, por primera vez, cuál sería mi pasión y vocación en adelante.

Tu padre tiene que ver mucho con tu escritura, ¿y tu madre qué papel juega como influencia?
 Es una pregunta muy justa…

Justo para vos…
 Mi mamá, al menos hoy en día, es el opuesto exacto a mi padre. Seguramente cuando se conocieron no fue así, pero así fue la revolución: una época que logró poner en armonía a los espíritus más diversos. Ellos se conocieron precisamente durante la campaña de alfabetización. Mi mamá era la coordinadora en Las Segovias. Ellos se separaron cuando yo tenía unos 8 años, y yo decidí seguir viviendo con mi papa. Mi mamá es una mujer extremadamente pragmática, muy ordenada y responsable, muy metódica y estructurada, de esas personas que parecen tener en orden y bajo control hasta el último rincón de sus vidas, de una disciplina admirable. Todo lo opuesto a mi padre, y yo, por suerte y desgracia, soy mucho como mi padre. Pero por mayor suerte, el yang calzó en el yin y, si no puedo decir que heredé ese sentido de orden, rigor y pragmatismo en mi vida, al menos si heredé la consciencia de cuán necesario es ello, sobre todo en cualquier actividad creativa. Mi adolescencia digamos que sufrió todos los avatares de una adolescencia que podría llamarse "descarriada", pero que yo llamo libre y cargada de lecciones de vida. Dichos avatares van desde sexo, drogas y rock and roll, hasta centros de rehabilitación, sexo promiscuo en baños de bares, mil estampas de las madrugadas y los bajos fondos de nuestras cabeceras departamentales, y un enorme bagaje de errores en los que en mi vida posterior no volvería a caer.
 Mi disciplina es más del caos, que del cosmos, más del desorden que del rigor, más dionisiaca que apolínea, sin embargo, en los peores momentos, mis madre siempre estuvo apoyándome, inclaudicable, a tal punto que cuando yo decidí que me iba a dedicar por completo a escribir, ella se ofreció a pasarme una cantidad mensual de plata para que yo pudiera, por un año, dedicarme a escribir. Ella trabaja en el mundo de las finanzas, pero extrañamente tiene un sentido muy profundo de respeto hacia el trabajo creativo.
 Gracias a ella he logrado, de forma tardía, incorporar al menos una leve estructura de orden a mi caos. Es una mujer admirable e incondicional, con quien tengo una deuda impagable. Gracias a esa pensión de un año, logré también escribir mi primer libro.

¿Podrías decirme quiénes son tus influencias literarias?
 ¿En este momento?

No, tus primeras influencias.
 Mis influencias cuando empecé a escribir fueron tres: Ernesto Sábato, pero sobre todo "Sobre Héroes y Tumbas" y "Abbadón el Exterminador", "Historia de Cronopios y Famas" y "Un tal Lucas" de Cortázar, y "El Aleph", de Borges. Posteriormente descubrí autores que marcaron mucho mi obra, pero sobre todo, mi manera de vivir y entender la literatura, ellos son, entre muchos otros, Roberto Bolaño, James Joyce, William Faulkner, Rimbaud, Octavio Paz, Joaquín Pasos, Shakespeare, Goethe, Cervantes; actualmente mis lecturas son otras, mis intereses se han alejado de su punto de partida, pero hay tres que se mantienen inmaculados en la cima del Olimpo, y a quienes me gusta llamar mi Santísima Trinidad Narrativa, a saber: Bolaño hijo, Borges padre y Joyce espíritu santo.

He sabido de tu pasión por Roberto Bolaño, ¿cuánto es la influencia de él en tus relatos?
 En mi libro anterior, casi ninguna, porque cuando terminé de escribirlo apenas acababa de caer a mis manos 2666, que fue la primera novela de él que leí. En este segundo libro que estoy preparando, quizá la influencia sea un poco menos explícita, porque cuando admiro mucho a un escritor procuro que su influencia no sea tan contaminante en mi obra. Creo que el diálogo de un escritor con sus influencias es un proceso un poco complejo; un mal escritor imita a sus influencias... lo que uno debe hacer es cuestionarlas, partir de ellas para alcanzar sus propias búsquedas, de otra forma uno se vuelve ni siquiera un clon, sino una pelota de pus que se adhiere a la obra del autor que te influyó. Disfruto mucho de las páginas de Bolaño, pero lo que realmente me influye es lo que está detrás de esas páginas, es decir, la forma en que un hombre excepcional vive la literatura en una época donde la apuesta sería a todo lo contrario.

Y de los escritores nicaragüenses, ¿ninguno ha influido en vos?
 Joaquín Pasos, sobre todo sus "Poemas Indios", y "El Canto de Guerra de las Cosas", Lizandro Chávez, inevitablemente, Rodrigo Peñalba, con Holanda, Jazmina Caballero, Carlos Fonseca Grigsby, Carlos Martínez Rivas, Chuno Blandón, pero quizá, por sobre todos, Ernesto Cardenal.

Es una buena lista, hablemos de tu libro, El patio de los murciélagos, ¿quiénes son los personajes de tus relatos?, ¿cómo es su vida?
 Yo soy el personaje de mis relatos, pasado por un prisma.

¿Hay algo de historiografía en tus textos?
 ¿En "El patio"?, sí, mucho, pero una historiografía antojadiza y personal, bajo la premisa borgeana de "ficcionar en esos puntos de la historia donde el tiempo y el espacio están los suficientemente oscuros", así uno tiene más libertad.

Antojadiza o no, es historiografía, tus personas viven en mundos bajos, son aquellos que día a día sufren, pero que pocos autores nicas son capaces de tocar en sus textos. ¿Porqué buscar este tipo de personajes?
 Porque me parecen que constituyen el epicentro de la parálisis general que vive nuestro país, que son la continuación exacta de nuestra historia reciente, a la que nadie quiere ver; me parece que gran parte de los habitantes de este país son muertos que simplemente no murieron en nuestras guerras, son como zombis que andan como autómatas sin querer ver nada y sin que nadie los quiera ver, es ahí donde pienso que hay que poner la vista, donde por dolor o cobardía la apartamos.

¿Es ahí donde apunta la narrativa joven, a ver lo que los demás no quieren ver? ¿o solo vos escribís sobre estos seres?
 No puedo hablar por otros autores contemporáneos. La narrativa actual en Nicaragua se está gestando y tengo mucha fe en que nos llevaremos buenas sorpresas, pero creo que todavía no hay una producción narrativa tan palpable como para definir su rumbo. Sí te puedo decir que encuentro mucha afinidad en las búsquedas de autores como Roberto Carlos Pérez, Luis Topogenario, Javier González Blandino, Manuel Membreño, Carlos-M. Castro, Junior Martínez, sobre todo este último, quien considero es el mejor y más desconocido narrador de esta generación.

Desconocido es una palabra bastante acertada, pues de los otros sí he sabido, sigamos... ¿Podría decirse que lo tuyo es retratar la realidad cotidiana, y muchas veces de periferia, una especie de hiperrealismo?
 No, todo lo contrario, yo busco los espacios donde la realidad cede a la ficción, o donde la realidad supera a la ficción; las imágenes y descripciones de mi relato se acercan más a la descripción psicodélica, al acercamiento psicótico y alucinante a la realidad, es un realismo más sincero, porque toma la realidad como lo que es, una suma de subjetividades. Es un gran error para un narrador pensar en la realidad como algo objetivo y bien definido. Yo no describo la realidad, sino que describo el filtro subjetivo por el que la realidad me lleva.
 En la realidad me apoyo, únicamente, para metaforizar y conservar un referente común a los lectores, de otra forma mis relatos serían un caos onírico como 4.4.54, el último relato de mi primer libro, quisiera pensar que tiendo más hacia el relato fantástico.

4.4.54, sé que es la Rebelión de Abril, ¿esa es una fecha muy especial en tu familia, o solo en vos?
 En la familia de parte de mi padre, sí, lo era. Mi padre era el último hermano con vida de 4 hijos de Báez Bone, entonces digamos que ahora sí, es importante solo para mí.

¿Porquè el titulo "El patio de los murciélagos"?
 Básicamente porque mientras escribí ese libro, mi única compañía de convivencia era un enjambre de murciélagos que se batía en el cielo raso del lugar donde vivía, así que como un pequeño homenaje a esos seres repugnantes, que por cierto me provocan pavor. El patio de la casa de mi papa es un lugar especial y mítico en mi vida.

Para muchos, tus personajes pueden llegar hasta ese punto, a ser seres repugnantes, ¿o no lo crees así?
¿En qué personaje estás pensando, por ejemplo?

Tal vez Ambrosio Esteban y compañía…
 Ah, sí, no sé si son despreciables, no suelo usar esas categorías morales, o las evito, pero sí te puedo decir que son reales, ninguna invención mía.

Realidad- real, ¡qué bien!
 Sobre ese asunto en particular, te remitiría a un ensayo que escribió Ileana Rodríguez sobre ese cuento, que se llama "Juventud y abyección: imaginarios post-insurgentes", ella responde mejor que yo tu pregunta.

Lo leeré. Para terminar, Luis, ¿qué podemos esperan en tus nuevos textos?
 Mis peores y más últimos fantasmas y dolores, disfrazados de literatura amena.

*Maynor Xavier Cruz (1988). Chagüitillo-Matagalpa. Licenciado en Comunicación Social. Miembro del grupo literario Conciliábulo. Escribe cuentos y poesía.


Luis Báez. Foto de Gloria Ruiz.

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