miércoles, 25 de julio de 2012

Voces Nocturnas (I)


[Acerca del colectivo de autores que integré a los 19 años].



Ilustración de Carlos Manuel Ortells
para la portada de un número de Voces Nocturnas.




No buscábamos fama, no buscábamos gloria, tampoco queríamos cambiar nada, aunque sí tratamos de hacer las cosas algo diferentes. En primer lugar, dedicarnos a lo nuestro: crear literatura de la mejor manera que entonces sabíamos, escribiendo «con tinta de arteria» (Martz dixit). E interpretando a quienes habían llegado antes que nosotros. Voces Nocturnas fue un colectivo de autores jóvenes, frisando en su mayoría los 20 años, que en 2007 eclosionó gracias a eventos públicos como recitales, la aparición en junio de ese año en las páginas de la recordada Prensa Literaria y la publicación de un órgano de difusión (Voces Nocturnas. Revista Nicaragüense Artesanal de Literatura y Arte // Siglo XXI). La historia va más o menos así:

José López Vásquez era un muchacho inquieto que por razones desconocidas y poco comprensibles se inscribió en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) de Nicaragua para estudiar Ingeniería Industrial a partir de 2005. Ya venía herido por el aguijón de la poesía. Al poco tiempo ingresó en los talleres literarios de Iván Uriarte, el poeta y crítico que fue miembro de la Generación Traicionada en los años sesenta nicaragüenses y que en 1999 había ganado el Premio Nacional de Poesía Rubén Darío. López Vásquez también visitaba la casa de Edgard Escobar Barba en un kilómetro perdido de la Carretera a Masaya, donde otros jóvenes iban a discutir asuntos librescos y vulgaridades por el estilo con el mesoamericano. Fue en la universidad que conocí a José, precisamente en los talleres de Uriarte, que eran una suerte de partidos de macho parado, donde el más distraído terminaba siempre con chichote en su mollera de aspirante a poeta. Fue José quien nos presentó a mí y a otros estudiantes de ingeniería con Mario Martínez Balmaceda, que ya para entonces, entre finales de 2006 e inicios de 2007, se hacía llamar Mario Martz D’León, rechazando su primer apellido por coincidir su nombre con el de otro escritor nacional perdido entre las páginas de la historiografía patria.

Mario era estudiante de Banca y Finanzas en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), que era vecina de nuestro campus, el Recinto Universitario Pedro Arauz Palacios (Rupap), y tenía también cierto kilometraje en asuntos de letras. Pertenecía o había pertenecido a un grupo literario de su universidad y la tarde que fuimos presentados con él por José, en un parquecito de la Upoli, luego de precisarnos que había conocido a este en la casa de Barba, a donde iríamos luego como colectivo un par de ocasiones y con quien nos involucraríamos en la realización de no sé qué encuentro de jóvenes creadores, nos propuso la conformación de un colectivo literario que se llamaría Voces Nocturnas y publicaría una revista, del mismo nombre, con una página web que sería sencillo poner en línea. El cuadro estaba rayado y Mario Martz solo necesitaba convocar jugadores para gritar play ball!

La alineación inicial era: Mario Martz D’León, José López Vásquez, Carlos M-Castro, Delena Arias y Regina Gómez, en cuya casa, en Jardines de Veracruz, nos reuníamos a planear nuestras acciones colectivas y a presumir nuestros respectivos textos, que eran discutidos por los asistentes, además de intercambiar recomendaciones de libros indispensables para ser leídos en la mayor brevedad posible por todos los interesados. A esas reuniones llevé una vez a Ernesto Arana, amigo mío de infancia que en su vida había pensado jamás en literatura y que estudiaba casualmente también en la UNI-Rupap, Ingeniería en Sistemas, y se terminó convirtiendo en poeta y diagramador de la revista que publicaríamos meses después. Al poco tiempo también Ninoru Amisaca jugaba en nuestro equipo. La última adquisición, previa objeción de Mario, que para entonces era el Director del grupo y de la revista, fue Enrique Delgadillo Lacayo, amigo de aquel y también leonés, que estudiaba Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA).

La revista, que sobrevivió cinco números, era editada por mí y tenía una escasa distribución. En ella empezamos publicando seis secciones fijas: Editorial, Apuntes, Creaciones, Cro-Nica, Estantería y Voces Intempóreas, que era dedicada a un autor admirado por nosotros (Leopoldo María Panero, Álvaro Urtecho, Joaquín Pasos, Carlos Martínez Rivas y Lizandro Chávez Alfaro, en ese orden cronológico); Cro-Nica no sobrevivió mi censura y fue retirada en el segundo o tercer número. La estructura de Voces Nocturnas había sido inspirada a Mario por la de una revista que publicaba Franz Galich, llamada (creo) Ángel Pobre. De alguna manera elnocturnodiurno(.com) está emparentada con esa primera iniciativa editorial. Quizá podríamos decir que Voces Nocturnas es la tía loca de elnocturnodiurno(.com), que un día salió de casa sin dar aviso a nadie y jamás volvió. Regresaré cuando deba hacerlo, me ha dicho en sueños.

De los miembros originales del colectivo, cuatro han publicado al menos un libro (Delena Arias: Última balada antes del silencio; José López Vásquez: El Mesías no volverá a nacer e Infierno erótico; Mario Martz: Viaje al reino de los tristes; y Carlos M-Castro: Antropología del poema), Enrique Delgadillo tiene listo un poemario para ser publicado en cualquier momento y Ninoru Amisaca trabaja con los organizadores del Festival Internacional de Poesía de Granada, aunque aparentemente se ha alejado de la creación literaria. Solo Ernesto Arana se desligó por completo de las letras, quizá el más inteligente de todos.

Voces Nocturnas fue de algún modo nuestro CDI (Centro de Desarrollo Infantil), donde nos enfrentamos a la decisión que toda persona que se interesa como creador en la literatura debe encarar en algún momento de su vida: saltar o no saltar al vacío. Por mi parte, yo digo: adelante, el golpe avisa.


Rubenia
22VII2k12

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