viernes, 22 de junio de 2012

El Desertor // Autorretrato I


Así como buscar era el signo de Oliveira, el mío es saltar del tren en marcha. Cuando cumplí catorce decidí que era tiempo de tocar la guitarra; me junté con los amigos guitarristas o guitarreros, me las arreglé para que me prestaran un instrumento y emprendí la marcha hacia la música, Yngwie Malmsteen era la meta, no aceptaba nada menos. Sicxfredo me inició en el arte del charrangacheo, me sentí todo un Leo Dan cantándole una noche a una Mary abstracta que años después se materializaría en mi novia-eterna. Marvin se empeñó en que yo me convirtiera en un pesado eslabón más de la larga cadena de guitarristas clásicos y “Asturias” se avizoraba en el futuro próximo. Ejercité los dedos, aprendí a leer partitura, ensayé La Mora Limpia y terminé por ensuciarla. Luego de una breve carrera como guitarrista de la escuela durante las misas de los jueves, donde acompañaba a Flory Luz en cantos que ninguno de los dos tomaba demasiado en serio, abandoné mi empeño y mi melomanía tuvo que conformarse con visitas esporádicas a karaokes con cerveza. Pero eso sería años después.

Primero llegaría la verdadera Mary, que no se llamaba Mary sino María, y no solo María: María Asunción, compañera de la escuela cuyo primer guiño fue robarme un ejemplar de Niebla y luego hacerse la sueca, dejándome sin libro ni lectura y un reporte que entregarle a la maestra que tuve que inventar. Me enamoré. Siempre fui masoquista. Pasamos siete años juntos y ella tenía ya en mente la fecha exacta de nuestro casamiento, que habría sido, si no me equivoco, en agosto de este año de no ser porque me tiré de esa carroza en la que íbamos montados. La amé intensamente. Me amó intensamente. Tenía que huir.

Huir, saltar, correr. Verbos que llevo atados como pulseras en mis muñecas. Pulseras, otra de mis aficiones. Quise ser artesano. Aprendí los nudos necesarios para elaborar esas pulseritas tan caras a los neohippies, tejí docenas, las vendí. El lapso entre materia y materia en la Universidad de Ingeniería lo invertí por un tiempo en la contemplación casi morbosa de pulseras hechas por otros para deducir la forma en que habían sido tejidas. A los diez meses abjuré de cada nudo diciendo que era una labor robótica, repetitiva, enajenante. Abandoné la universidad, no sin antes haber iniciado un curso de francés que, oui monsieur, también abandoné, ambos a menos de diez por ciento de ser concluidos.

Mi vida ha sido una serie de rechazos a mí mismo, a lo que he deseado, a lo que he amado. He abandonado todo menos el alcohol, el cigarrillo, la literatura y la autocomplacencia.



Managua, 22VI2k12

3 comentarios:

  1. Muchas gracias por la visita. Me alegra mucho que te haya gustado. Te invito a leer mi última entrada: ¡¡Juan José Arreola!! http://contrarruido.blogspot.com/2012/06/juan-jose-arreola.html

    Pasé por tu blog, Entre dos tierras, y leí un par de entradas; debo decir que escribís muy bien, algo refrescante en la blogósfera, tan abundante en malas escrituras. Saludos desde Managua, Elisa, y bienvenida a Contrarruido.

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  2. Hola Carlos, participo en el festival. Me ha gustado mucho tu post. La parte donde decis que ensuciastes la Mora Limpia, ah! que risa me ha dado. saludos!

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