martes, 22 de diciembre de 2009

La puesta en el sepulcro

—Decimocuarta estación—



Cuando ya no me quieras.

Cuando ya no me quieras
y no podamos estropear nada
porque nada estará vivo y confiado.

Cuando tú te hayas ido
y yo me haya ido
y los de la música se hayan marchado
y el portón se cierre
(dentro pasan el largo fierro por la argolla
asegurando con la correa el cerrojo,
y soplan los candiles
y las mechas se quedan humeando);

diremos: ”Algo se ha perdido.
No mucho. Nunca es mucho. Pero
algo esencial —un culto, un lenguaje,
un rito— está perdido”.


Cuando hayamos dejado de ser esto que somos:
pareja expuesta al dardo,
mal avenida pero bien enlazada,
y nos dispersemos en otros círculos
y nos disipemos en otras charlas;

habrá quien diga: “Aquí dos seres carmesíes
se atraparon. Los vimos
balancearse estremecerse oscilar
retornar a la seguridad
y caer”.

Para entonces, el zumbido del tractor
volverá a oírse desde el fondo del llano.
Las chorejas del guanacaste caerán
con su golpe seco frente al portal.

Pero esos rumores de la vida
nos llegarán por separado,
y otro sol será tu sol
y otra luna será mi luna.

Cuando ya no me quieras.

Cuando en la reunión tus ojos
al encontrar los míos ya no digan:
“Aguarda a que termine con esta gente,
pero mi corazón te pertenece”.

Cuando en las sucesivas fases de tu errabunda
búsqueda femenina
ames a otro:
y te descalces delante de otro cetro
y te desveles bajo otra antorcha
y triturada por otros trapiches trasiegues
el poder que yo te transmití;

pensaré aguzadamente: ”Ya se le agotará.
¡Y entonces vendrá a mí y no le daré más!”

Y así siga por el mundo y a través de los días
rumiándote en el hosco destierro,
granitizándome en la frustración y el orgullo
como un mendigo sobre un pedestal.

Remontando el obstruido pasado
como un sucio canal maloliente en el crepúsculo:

“Aquí estuve brutal.
Ahí comenzó el desierto.
En aquel banco trató de herirme.
Tal día…”
Y así te evoque. Así conjure tu sombra
agujereándola de flaquezas y máculas.

Cuando ya no me quieras
y yo ya no te tema.

Cuando contentadizo, trivial, inadecuado
para la soledad y la amargura
yo mismo haya olvidado —cuando
ya no me quieras— que me quisiste;

garras y mantos
de mujeres: Furias como Pietás,
Erinias disfrazadas de monjas
me depositarán
en la oscura y helada tumba que me busqué.

CARLOS MARTÍNEZ RIVAS

Sierras de Managua, Viernes Santo 1953.
Granada, Intecna, Viernes 6 junio 1980.



***************
Este poema no fue incluido inicialmente en ningún libro. La edición realizada por Pablo Centeno-Gómez de la obra poética casi completa de Martínez Rivas, Poesía Reunida, publicada en 2007 por Anama (Managua, 653 páginas), lo deja dentro de Allegro irato, ese libro anunciadísimo y nunca publicado en vida de CMR. Es el cuarto texto en Fantasmas y pretextos, el primer sub-libro de la primera parte de Allegro irato
Está, en esa edición, acompañado por una nota al final del volumen:
«La puesta en el sepulcro fue publicada inicialmente por los directores de la revista universitaria Ventana, Sergio Ramírez y Fenando Gordillo, en el No. 14, de agosto 1962. Supuestamente el poeta dedicó este poema a su enamorada Irma Prego, aunque fue publicado sin dedicatoria escrita. Durante el recital que ofreció en la UNAN, en septiembre de 1984, Martínez Rivas se refirió al texto en estos términos: "Este poema fue escrito en lo que se llamaba antes —hoy se llama Carretera Sur— Las Sierras de Managua, el Viernes Santo 1953, y su definitiva versión el viernes 6 de junio 1980, publicada así, con mucho respeto, por Pablo Antonio Cuadra en El Pez y la Serpiente No. 24, en 1981. Pero en una antología que acaba de salir se incluyó una versión espantosa que fue publicada en el diario La Prensa el 11 de diciembre de 1970, en que se les cayó a los cajistas —en ese tiempo eran con cajas, los tipos— se les cayó, y los pusieron así, al tanteo, y yo no sé cómo le puede gustar a la gente, porque es un poema sin sentido como surrealista, y ustedes verán que no, que es un poema absolutamente coherente".
»En la antología Poesía Nicaragüense, de E.Cardenal y en la edición mexicana de La Insurrección Solitaria (Vuelta, 1994), se incluyó la primera versión textual del 53».
Sobre este poema, en este mismo blog:
- Asedio estilístico a «La puesta en el sepulcro», de CMR [por Roberto Aguilar Leal]
- La puesta en el sepulcro [por Beltrán Morales]




Tumba de Carlos Martínez Rivas, en el Cementerio de Granada, Nicaragua. Fotografía tomada el 16 de junio de 2009, por Ninoru Amisaca o Carlos M-Castro].

6 comentarios:

  1. La verdad nunca lei a profundidad este poema...realmente se transmite esa fuerza esa intensidad de cada palabra...

    Cuando en las sucesivas fases de tu errabunda
    búsqueda femenina ames a otro:

    y te descalces delante de otro cetro
    y te desveles bajo otra antorcha
    y triturada por otros trapiches trasiegues
    el poder que yo te transmití...

    Confio en que publiques mas de CMR...

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  2. En cuanto termine de darle forma a este blog, por supuesto que sí, seguiré publicando, le guste o no a él, sobre Carlos Martínez Rivas.

    Saludes, Anónimo.

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  3. quiero que me ayuden con el contenido del poema

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  4. este poema tiene un mensaje muy bonito dice que hay que valorar a las personas en vida,porque la muerte nos puede sorprender, la vida es asi ,vivimos para morir

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  5. solo quisiera saber porque fue escrito el poema??....Ya que dice
    Y otro sol sera tu sol y otra luna sera mi
    luna

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  6. Cuantos verso y estrofa tiene el poema sepulcro

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