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martes, 1 de septiembre de 2015

Carlos Martínez Rivas: el mito borrado

Carlos Martínez Rivas (1924-1998) es uno de los poetas más influyentes (y problemáticos) de Nicaragua. Su obra, reunida póstumamente en 2007 por Pablo Centeno-Gómez en una edición que poco tiempo después fue sacada de circulación alegando muchos errores, aún espera mejores lecturas. El siguiente texto sobre un poema suyo lo escribí para leerlo durante un evento realizado hace exactos cuatro años en la Universidad Centroamericana (UCA), en Managua.






Algunas impertinencias para leer la obra de Carlos Martínez Rivas


A. Este señor nació en 1924, cuando todavía no era un señor, durante una época mundial y (por tanto) centroamericanamente convulsa. Época de dictaduras militares o militarizadas y paradójicamente más cosmopolitismo en las letras que en nuestros días nicaragüenses; Carlos Martínez Rivas sin duda aprehendió, de la mano de su familia, de sus amigos poetas, de sus amigos jesuitas... la realidad en la que estuvo inmerso. Desmiento aquí, sin prueba alguna, su supuesta obsesiva soledad.

Minerva y el centauro (Pallade che doma il centauro), Sandro Botticelli

B. Lectoescritura anárquica, obviemos aquí de momento La insurrección solitaria y vayamos pretenciosamente a 1982, a Granada, Nicaragua. Entre agosto y septiembre de ese año nuestro poeta escribe «Tríptico / 15 de agosto en Granada», poema que puede encontrarse en la edición de Pablo Centeno-Gómez para la editorial anamá (en el sublibro Antropologías, del macrolibro Allegro Irato, pp. 305-307) o, también (cotejado con la edición antes dicha), en la página de Carlos Martínez Rivas en la red social virtual Facebook, con el cuadro de Botticelli que se menciona en el texto incluido.

La acuciosidad con la que (se dice) trabajaba este acróbata del verbo genera en nosotros una sensación de ahogamiento al ver su obra como conjunto: el poema que nos ocupa puede tomarse, para sobrevivir, como un ars poético de madurez, como una especie de muestra estadística para intentar comprender el gran total que es la obra martineana. Así evadimos el análisis de conjunto.

Solidaridad textual; hipertexto: Carlos Martínez Rivas nos remite de entrada a Antonio Machado, como una estrategia, es probable, para vincular los momentos históricos en que ambos textos, el suyo y el del español, fueron escritos; a saber: la Guerra Civil española en un caso; la Revolución Popular Sandinista en el otro. 

Cristianismo: Apoyado en la autoridad cervantina, el nicaragüense empieza su poema, que está significativamente dividido en tres partes (tres poemas en realidad), haciendo una crítica general al hombre como categoría abstracta; es decir, Martínez Rivas se dirige al hombre abstracto, al arquetipo, no a ninguno en específico. Y lanza su crítica a la era: al cotejar la Antigüedad helénica con su contemporaneidad (moderna o postmoderna, no estamos seguros), con pérdidas para esta última. En efecto: nuestro autor borra, en la realidad virtual que es la literatura, el mito griego del Centauro:

El hombre no reasume al caballo
ni éste se reconcilia en el hombre.
Y ya queda el mito borrado.

Más cristianismo: El segundo poema es la Alegoría de Botticelli, donde aparece la diosa romana Minerva (identificada con la Palas Atenea griega). Según algunas lecturas, esta diosa «heleniza» («occidenta», «cristianiza», dice Martínez Rivas) la civilización romana. El poema II de «Tríptico…» es un esfuerzo por acercar Oriente a Occidente, de acrisolar la cultura oriental en la occidental, donde Granada de Nicaragua entra de algún modo en la cultura universal al ser comparado un paisaje suyo con el que muestra el cuadro de Botticelli.

Auscultación de la realidad circundante: Con menos oscuridad en la escritura, después de lo que el poeta llama «digresión. Vieja manía. / Diversión, divertirse, salirse de senda», vuelve a su tema principal: la crítica a la versión nicaragüense de la fiesta de la Asunción de la Virgen María, celebrada en Granada (su Granada) el 15 de agosto de cada año con un desfile hípico. En este tercer poema se nos hace observar cómo las actitudes de los poderosos de Granada son (ese día) análogas a las que tenían en los tiempos de la colonia, «(…) Cuando los déspotas iban a caballo, / y el pueblo siervo iba al pie». Y la crítica mayor, cuando llega a preguntarse, al ver esas escenas en las calles, «si hubo aquí Revolución».

C. El «Tríptico…» es uno de los tipos de poemas que escribió Carlos Martínez Rivas: ir de lo abstracto a lo más concreto; citar obras clásicas para reforzar su propio discurso; reinterpretar las formas consagradas del verso hispánico; revalorar la cultura de su país; hacer digresiones sobre obras pictóricas (otra estrategia de discurso); criticar su mundo circundante…

D. Dejamos a usted la potestad de interpretar a su modo La insurrección solitaria. Esto fue solo una aproximación algo tímida e incompleta.


Carlos M-Castro
30 de agosto de 2011